Periodismo y Pensamiento


'Sigo en esto y seguiré hasta el fin'
Gonzalo Guillén, reportero investigador desde hace 37 años, relata desde el exterior los más recientes días de su agitada vida.
Por: Cecilia Orozco Tascón/ Tomado de El Espectador.
Gonzalo Guillén cuenta que después de que se descubriera que un sicario tenía el encargo de matarlo, asesinaron al hermano de su escolta en una emboscada en La Guajira./ Connie Hunter
Cecilia Orozco Tascón.- Después de que se supiera que había un sicario que iba a atentar contra usted y dos investigadores de la Corporación Nuevo Arco Iris, ¿qué sucedió con su trabajo, su vida y su seguridad?
Gonzalo Guillén.- Toda mi vida se alteró y entré en un estado de incertidumbre que continúa agravado hoy con la noticia de que, precisamente en La Guajira, de donde vienen las amenazas, fue asesinado el hermano de uno de mis escoltas. Él era el jefe del puesto de migración en Paraguachón (La Guajira, frontera con Venezuela). La primera pregunta que nos hicimos fue si lo emboscaron, lo remataron y lo incineraron en la carretera, junto con otras tres personas, cuando los asesinos supieron que era hermano de quien me protege. No conozco la respuesta todavía.
C.O.T.- ¿Cuándo ocurrieron los hechos?
G.G.- El jueves pasado, a las 4 de la tarde, después de una misión que estaba cumpliendo.
C.O.T.- ¿Cómo fue el ataque?
G.G.- Él iba de Paraguachón a Maicao, junto con el grupo que lo acompañaba, y se transportaba en el primer vehículo. En el segundo iban dos policías que estuvieron con él durante el trabajo que iban a realizar. Al parecer, los atacantes pusieron un falso retén, los pararon y dispararon contra ellos. Pero hay indicios de que el objetivo era el hermano de mi escolta, porque a él lo remataron sobre el pavimento. Sólo sobrevivió un acompañante. Los demás murieron.
C.O.T.- ¿Se trataba de una tarea peligrosa?
G.G.- Él había llegado con la misión de sanear ese puesto, pero no conozco los detalles.
C.O.T.- ¿Su escolta estaba asignado a su seguridad antes o después de que se supiera que usted estaba siendo buscado por un sicario?
G.G.- Antes. Hace varios años me acompaña.
C.O.T.- ¿Él es oriundo de La Guajira y continúa estando a su lado, o se retiró? Pregunto porque, supuestamente, las amenazas contra usted y los investigadores de Arco Iris vienen de ese departamento.
G.G.- Mi escolta es del Tolima y confío en él. Pertenece a una familia que ha sufrido terriblemente: antes de que mataran a su hermano en Paraguachón, las Farc mataron a otro de sus hermanos, que era policía activo, en una emboscada en los Llanos.
C.O.T.- ¿Cuánto tiempo después de que se supiera que se estaba preparando un atentado en su contra salió del país y por qué tuvo necesidad de hacerlo?
G.G.- Me fui cuatro días después, considerando que la situación era y es extremadamente grave. El doctor Andrés Villamizar, director de la Unidad Nacional de Protección, estuvo de acuerdo.
C.O.T.- ¿No se supone que el Estado le asignaría un esquema de protección suficiente para que ejerciera su profesión en Colombia con todas las garantías?
G.G.- Sí, pero —como se dice— “es mejor la seguridad que la policía”. Preferí viajar al exterior porque la situación es muy complicada, tanto para Ariel Ávila y León Valencia como para mí.
C.O.T.- No es la primera vez que usted se ha visto obligado a viajar al exterior para proteger su vida. ¿En cuántas ocasiones ha tenido que irse y por cuáles motivos?
G.G.- He salido tres veces. La primera de ellas se debió a una advertencia que me hizo un funcionario de la Embajada de Estados Unidos, cuando yo investigaba el caso del helicóptero de Álvaro Uribe Vélez (por entonces candidato presidencial) que apareció en Tranquilandia, el laboratorio de cocaína más grande del mundo. En la segunda ocasión salí debido a amenazas que recibí a partir de una serie de ataques que, siendo ya presidente, Uribe lanzó contra mí a través de las principales cadenas de radio. Acostumbraba llamar a ellas, pedía que le abrieran los micrófonos y profería toda suerte de agresiones y calumnias sin medir las consecuencias. La tercera se debió a amenazas telefónicas.
C.O.T.- Todos los colombianos conocemos el temperamento sanguíneo del expresidente Uribe, pero ¿cree que él sería capaz de activar una agresión física grave contra usted u otra persona que él considere su enemiga?
G.G.- Claro que sí. Además quisiera decir que el temperamento que usted define como sanguíneo a mí me parece sanguinario.
C.O.T.- Algunos amigos del exmandatario opinan, por el contrario, que ciertos periodistas lo persiguen, por ejemplo, con la historia de Tranquilandia. ¿Usted se considera enemigo y persecutor de Uribe?
G.G.- No, claro que no. Entonces todos los presidentes de Colombia, desde cuando ejerzo la profesión, hace más de 37 años, podrían decir lo mismo, porque siempre me dedico a investigar y a escribir sobre los temas más difíciles y complicados de sus administraciones.
C.O.T.- ¿Es cierto que usted estaba tras la historia, al parecer escabrosa, del gobernador de La Guajira y que habría alguna conexión entre esa investigación y la existencia de un plan para atentar contra usted?
G.G.- Sí, es verdad. El plan, simplemente, fue descubierto. Por mi parte, yo continúo adelantando la investigación sobre lo que sucede en La Guajira y la presentaré en forma de documental.
C.O.T.- El gobernador Juan Francisco Gómez habló con algunos medios después de que se divulgara esa noticia y negó rotundamente cualquier relación con el plan de asesinato. ¿Tiene usted algún indicio que le permita sostener que ese funcionario sí está involucrado?
G.G.- No creo que el gobernador hubiera salido voluntariamente a aceptar que está detrás de un caso de este tipo. Ariel Ávila y León Valencia supieron por su cuenta que el plan estaba en marcha y yo averigüé lo mismo por mi lado. Después, quien hizo la revelación pública por su propia iniciativa fue el doctor Andrés Villamizar (director de la Unidad de Protección). Conozco más detalles del tema, pero no puedo contarlos para proteger las investigaciones judiciales.
C.O.T.- ¿Para cuál o cuáles medios estaba usted investigando esa historia?
G.G.- Estoy haciendo la investigación para un documental en el que tengo tres socios a quienes prefiero no identificar. De todas maneras, ellos no tienen que ver con la investigación misma ni con el contenido, aspectos que son de mi entera responsabilidad.
C.O.T.- Además de la del gobernador, usted estaba realizando investigaciones sobre otros asuntos delictivos. ¿Puede revelar a qué se referían y en cuáles personajes se centran?
G.G.- Mi principal ocupación ahora, además de esconderme, es el tema de La Guajira y, en términos generales, se concentra en una región más amplia que incluye cuatro países (Colombia, Venezuela, Haití y República Dominicana), que yo llamo “Narcolandia”, un esquema consolidado y creciente que dejó Uribe para atornillar el crimen en el poder formal.
C.O.T.- ¿No es demasiado atrevida esa afirmación? Quiero decir, ¿no se arriesga mucho, no en el sentido de su supervivencia sino en el judicial, campo en el que hay que demostrar con pruebas las afirmaciones que uno hace?
G.G.- Las pruebas están en lo que yo expongo y he venido exponiendo durante mucho tiempo. Por ejemplo, sobre la parapolítica, fenómeno del cual todavía no se ha escrito ni investigado lo suficiente aún. Me encantaría que se impulsara un proceso judicial a fondo, para poder aclarar con detalles las relaciones que el mundo político tuvo con el paramilitarismo.
C.O.T.- Hace pocos días unos sicarios intentaron asesinar al periodista de Semana, el también investigador Ricardo Calderón. Aparentemente, ese atentado tiene relación con trabajos que él estaba realizando sobre corrupción en sectores militares. ¿Ha vivido alguna situación similar?
G.G.- He presenciado combates y tiroteos, y he oído zumbar las balas muy cerca, pero no me han disparado todavía, como a Ricardo Calderón.
C.O.T.- Según las más recientes encuestas sobre libertad de prensa y censura hechas a periodistas de Colombia, la mayoría de ellos reporta, mucho más que de los grupos delictivos, intimidaciones, presiones y amenazas de agentes del Estado policiales, militares o funcionarios sin uniforme. ¿Qué reflexión le suscita esta realidad?
G.G.- Que en ese sentido, la situación también empeora. Basta ver lo que fue el DAS en el gobierno anterior: los detectives tenían libretos para amenazar, como en el caso de Claudia Julieta Duque y su pequeña hija. Participaban en actos criminales, como el asesinato de Jaime Garzón. Nos asaltaban las casas para robarnos la información y depuraron las técnicas del terrorismo de Estado, como en el atentado a Germán Vargas Lleras en la carrera 9ª con calle 70, en Bogotá. Todos los que aprendieron a hacer la guerra sucia, salvo tres o cuatro que están presos, siguen ahí, a la orden del día.
C.O.T.- En todos los años de su carrera, ¿cuál es la peor época que le ha tocado vivir en materia de intimidaciones y presiones por el ejercicio del periodismo?
G.G.- Sin la menor duda, durante los gobiernos de Turbay Ayala y Álvaro Uribe.
C.O.T.- Desde su óptica, ¿hay más corrupción ahora que antes o, por el contrario, el país va mejorando en este aspecto?
G.G.- Sin la menor duda, la corrupción de ahora es la más grande de todos los tiempos en Colombia. Creo que si esas actividades se detuvieran solamente durante un mes, la economía nacional colapsaría estruendosamente. Antes, el país era más sano. Nunca olvidaré que el presidente Alberto Lleras Camargo compró a crédito su bicicleta de campesino en el almacén de la Caja Agraria en Chía. No tenía para comprarla al contado y les pidió el favor a dos señoras amigas que pasaban por ahí, que le sirvieran de fiadoras hasta que él terminara de cancelar las cuotas mensuales.
C.O.T.- ¿Cree que la situación de las libertades de expresión, información y opinión ha mejorado en las garantías para ejercerlas?
G.G.- Ha empeorado, porque en este país el periodismo se ha vuelto funcional. Los propios periodistas y medios incurren en la tristeza dócil y cotidiana de autocensurarse. Hay temas prohibidos y proscritos con una campana neumática encima, sobre los cuales los jefes de redacción y los mismos reporteros tienen una respuesta aprendida: “A eso no le vamos a hacer el juego”.
C.O.T.- ¿Por qué persiste en el ejercicio de la profesión en vez de dedicarse a labores menos peligrosas?
G.G.- Sigo en esto y seguiré hasta el fin de mis días, porque siento un amor inmenso por el oficio de periodista, que es el oficio de reportar.
Guillén, el periodista inconforme
Gonzalo Guillén es un veterano reportero fogueado en todos los frentes de la información, desde la tranquila revisión de documentos en un salón solitario hasta el escabroso cubrimiento de las masacres más crueles de la guerra colombiana. Ha trabajado en El Tiempo, la agencia de noticias Colprensa, el noticiero TV Hoy, el diario La Prensa y El País, de Cali. Y en el exterior escribió para El Nuevo Herald, de Miami, y El Universo, de Ecuador, en donde fue editor general. Guillén, un comunicador de bajo perfil que nunca se ha dejado tentar por las dádivas de los círculos sociales o del poder a pesar de haber estado cerca de ambos, ha sido, en cambio, colega y amigo de otros periodistas nacionales de gran valía como Carlos Villar Borda, Germán Castro Caycedo, Gonzalo Castellanos y Gerardo Reyes. Uno de sus trabajos más polémicos, y de los más famosos, es su documental sobre la ‘Operación Jaque’ (liberación de Íngrid Betancourt, 3 estadounidenses y 11 miembros del Ejército y la Policía) porque defendió la tesis de que, en lugar de un gran éxito militar, como fue presentado al mundo por el gobierno pasado, lo que hubo fue un canje con las Farc, de prisioneros por dólares. Esa es la característica del periodismo de Guillén: incómoda, inconforme con la realidad oficial, escudriñadora y nada convencional.
En medio de motos policiales y hombres armados
El caso de Guillén, amenazado y enfrentado a personajes de la influencia de Álvaro Uribe, quien en el momento de su máximo poder se refirió a él con epítetos como “calumniador profesional”, no es excepcional. Muchos otros trabajadores de los medios de comunicación, menos conocidos y sin capacidad de defenderse o de buscar protección del Estado, viven entre el ejercicio de su profesión y el miedo a practicarlo. En la segunda Encuesta Nacional a Periodistas revelada a comienzos de mayo por el Proyecto Antonio, se encontró que el 48% de los periodistas de Colombia creen que las condiciones de seguridad en las regiones donde residen, impiden el libre desarrollo de las labores de la prensa. El 29% reconoce restricciones a la movilidad; el 26% ha sido sujeto de ataques electrónicos; el 23% tiene motivos para pensar que ha sido vigilado de forma ilegal por autoridades estatales; el 21% ha sido agredido por la Fuerza Pública y el 14% fue intimidado o atacado por grupos al margen de la ley. Hace poco, el propio Presidente de la República reveló que 90 periodistas tienen esquemas de seguridad y se tienen que desenvolver en medio de motos de la Policía, sirenas, vehículos blindados y hombres armados. Ciertamente, este panorama no es normal.

"El estrés es el capital del periodista"

Dice Óscar Domínguez 

"El estrés es el capital del periodista" 

Con el humor y la ironía que lo caracterizan, espera que en ‘De anonimato nadie ha muerto’, su diario de ‘jubilado, mas no retirado’, sus “desocupados lectores” encuentren lo que él: “que ejercer el periodismo es mejor que comer con los dedos”. 

Tomado de Elespectador.com 

Óscar Domínguez Giraldo dice, con ironía, que como jubiliado ha disfrutado más el oficio de periodista. / Cortesía Andrea Domínguez Duque. 

En su experiencia, ¿cree que el periodista se hace mejor a pulso que en la academia? 

Los hay buenos, excelentes y malos en ambos bandos. Como empiezo a ser de la vieja guardia, confieso que me he sentido bien como tegua del oficio. Eso sí, me habría encantado meterle más academia al asunto. 

¿Qué les hace falta a las facultades de periodismo para “parir” buenos periodistas? 

Teoría y práctica desde el primer día de clases; es un matrimonio indisoluble. Y ojalá le metieran taquigrafía. A veces el trabajo de los reporteros lo hace la grabadora. 

¿Prefiere su vida “a 14 cuadros por segundo, o sea, con lentitud de feliz pensionado”, o la agitada vida de periodista de hace un tiempo? 

Como empiezo a respirarle en la nuca a la setentena, me toca optar por los 14 cuadros. Pero siempre viví estresado y no me aburrí un segundo. El estrés es el capital del periodista, diría, parodiando a un cómico alemán. 

¿Cómo ve la transición que ha tenido el periodismo en los últimos años, con el uso cada vez mayor e imprescindible de internet? 

No hay que dar coces contra el aguijón. Internet llegó para quedarse. Toca adaptarse. Todo sea por el oficio de informar mejor, más rápido, más ética y estéticamente. No estamos en 1492: la noticia del descubrimiento se dio seis meses después. Ahora casi nos enteramos de las cosas antes de que sucedan. 

¿Es del grupo que cree que los medios impresos se acabarán o cómo ve su futuro? 

Espero durar tan pocos años como para no ver la desaparición de los medios impresos. Respondiendo con las ganas diría: el periódico es inmortal. 

¿En qué periodistas colombianos cree? 

Siempre que lo leo me quito el sombrero ante Javier Darío Restrepo. Con él está claro que el periodismo sí tiene cura. Envidio, con envidia de la mala, a cronistas como Gossaín, Gonzalo Castellanos y Germán Castro Caycedo. 

Aparte del ajedrez, ¿en qué le han o se ha hecho jaque? 

Estoy en jaque perpetuo con mi destino de periodista: es más lo que me falta por aprender que lo que sé. 

¿Cuál ha sido la noticia o relato que más le ha costado contar? 

Mi mejor trabajo de reportero fue la transmisión que hice hace 30 años por Todelar de la repatriación de un grupo colombianos desde Managua, en plena guerra entre los sandinistas y la dictadura de Somoza. Casi perecemos en el intento. 

¿Y la que más ha “sudado”? 

Respondo con una generalización: la reportería es una exigencia permanente, exhaustiva, enriquecedora, creativa. Creo haber cumplido como reportero. Es de lo que más me enorgullezco. 

¿Cuál es la frase que más le gusta “de esas que dicen los niños”? 

Magia es sacar un conejo de un sombrero. Abuelito, ¿tú puedes sacar a Dios de un sombrero? (José Luis, 4 años). 

Para usted, ¿qué es el humor? 

Una opción de darle entierro de rico a la solemnidad. 

¿Un periodista debería sentirse realizado al ganar un Simón Bolívar o un Pulitzer? En ese sentido, ¿qué le hizo falta para un premio tal? 

Como las solteras prolongadas, diría que si no me gané ningún premio de periodismo no ha sido por falta de ganas, porque harto le he bregado. Pero sigo haciendo mi viaje a Ítaca, en el que lo importante no es llegar (ganar premios), sino hacer el camino. 

¿Cómo tomó la noticia de que “debía irse” porque ya era jubilado? 

Fue un pequeño tsunami en mi hoja de vida. Nunca me imaginé que era tan rico el estatus de jubilado. Irónicamente, nunca he disfrutado tanto ejerciendo el oficio de periodista como ahora que he dado un paso al costado. Porque estoy jubilado, no retirado. 

¿Qué curiosidades encontraremos en su libro ‘De anonimato nadie ha muerto’? 

Espero que los “desocupados lectores” encuentren lo que encontré yo: que ejercer el periodismo es mejor que comer con los dedos. 

Periodismo y Pensamiento


Produção cultural em três tempos
Tomado de Jornal Diário do Nordeste, Fortaleza, Ceará, Brasil
Muita gente nem imagina o tanto que a produção cultural mudou no Brasil nos últimos 20 anos. Saímos da operação com telex e fax para a comunicação por e-mail e celular. O LP, a fita k-7 e o walkman cederam lugar ao CD (que ainda resiste) e aos tocadores de mp3. Nessas duas décadas surgiram as leis de incentivo à cultura, as políticas de editais, a valorização do marketing cultural e a criação de órgãos públicos e privados para dar vencimento ao crescimento da demanda.
O panorama dessas transformações está bem sintetizado na edição comemorativa de 20 anos do "Guia brasileiro de produção cultural 2013 - 2014" (OLIVIERI, Cristiane e NATALE, Edson. Edições Sesc-SP, 2013), lançado na quinta-feira passada (23), na nova, diversificada e agradável livraria Martins Fontes, da avenida Paulista, em São Paulo. Na condição de um dos entrevistados da edição, estive presente ao lançamento e pude constatar o crescente interesse de artistas, produtores culturais e gestores de cultura por essa publicação que se tornou referência para o setor no Brasil.
A publicação traz um amplo quadro da produção brasileira em três tempos: 20 anos atrás, hoje e daqui a 20 anos. No prefácio do guia, o diretor do Sesc São Paulo, Danilo Miranda, levando em consideração o aumento da percepção da necessidade de vínculos entre cultura e educação, destaca a importância de que se pensem políticas e projetos de produção e acessos culturais, não somente como oportunidade de realização de algo vantajoso, elitista ou populista, mas também com "foco na demanda, mediante a formação de públicos da cultura" (p. 9).
O guia, que está em sua sétima edição, foi criado pelo músico e gestor cultural Edson Natale, que desde 2004 passou a contar com a parceria da advogada Cristiane Olivieri, especialista em gestão de processos comunicacionais e culturais. Juntos, eles organizam na publicação informações e análises relativas a planejamento, administração, questões jurídicas, direitos autorais, projetos, financiamentos e instituições culturais da cadeia socioeconômica da cultura. Nos nove capítulos e nas páginas amarelas da edição atual, além de tratar de todas essas instâncias, eles expõem pontos de vista e relatos de experiências de entrevistados.
O processo de produção cultural e do entretenimento é revolvido em vários campos. Quando o tema é planejamento, está lá o editor e antropólogo Felipe Lindoso (p.41). Se o assunto é economia criativa, falam a economista Ana Carla Fonseca (p.55) e a produtora Fernanda Feitosa (p.61). Sobre projetos e financiamento, a entrevista é com o ex-jogador Raí (p.207), da Fundação Gol de Letra, que atua na interface da educação, cultura e esporte. Lucimara Letelier (p.137), diretora de artes do Consulado Britânico, e Célia Cruz (p.143), especialista em captação de recursos para organizações da sociedade civil, acrescentam dados referentes a instituições culturais. A mim, coube falar de comunicação (p.223), extensiva a diversos aspectos da minha experiência de "cidadania orgânica".
O livro traz ainda um apêndice intitulado "Guia +20" (p. 293), com entrevistas e depoimentos relativos à situação cultural brasileira e com expectativas para os próximos vinte anos. A diretora teatral mineira Regina Bertola, do grupo Ponto de Partida, resume bem a questão dessa travessia pelo potencial da multirregionalidade e da cooperação: “Temos de aprender a conhecer nossa produção cultural nas dimensões continentais que ela tem e com a diversidade com que se configura (...) Temos de construir uma relação de parceria, não de concorrência” (p. 353).
O empresário paulistano Bazinho Ferraz, da XYZ Live, delineia as margens dos três tempos abordados no guia. Olhando para trás, lembra que há 20 anos, quando o Brasil ainda vivia seu processo de abertura política, “apenas a televisão brasileira estava mais alinhada às novas tecnologias” (p.300), e, olhando para frente, antecipa que, nos próximos 20 anos, o grande gargalo da produção cultural será a educação da nova classe média de consumo, para que passe a ser mais exigente, “tornando a bilheteria proveniente desse público a grande fomentadora de novas ideias” (p.302).
O debate é bom e a nova edição do “Guia brasileiro de produção cultural” está bem animada de opiniões. Enquanto Bazinho Ferraz assegura que “O Brasil nunca esteve em momento melhor” (p.301), a dramaturga baiana Aninha Franco afirma que “O Brasil não está em boa fase para a produção cultural” (p.300). Para ela, enquanto um produtor cultural de 20 anos atrás acreditava em seu produto, hoje, “ele só acredita nas verbas dos editais e na curadoria dos festivais” (idem). A produtora teatral paulista Fernanda Signorini endossa esse pensamento: “Hoje em dia somos praticamente escravizados pela captação de recursos (...) isso devido a vários distúrbios no mercado, desde supervalorização dos serviços e materiais pagos via leis de incentivo, até falta de formação de novas plateias” (p.316).
Sobre o tempo presente, o radialista e produtor gaúcho, Fernando Rosa, louva a democratização da produção musical com o advento da internet e “a quebra do paradigma do ser artista, que deixa para trás a busca do estrelato e procura estruturar-se de acordo com sua realidade e expectativas” (p.318). Segundo ele, que vive em Brasília, onde edita a revista virtual “Senhor F”, o que pode ter se perdido nas últimas décadas talvez seja “um pouco de qualidade estética, artística, compensada pela quantidade da produção” (idem).
Em que pese à luta para a produção de projetos para editais, nota-se claramente uma preocupação de alguns entrevistados com o esmorecimento da ousadia no país. Ao comparar o antes com o agora, o curador e diretor artístico carioca Marcello Dantas, da Magnetoscópio, recorda que “havia um espírito mais empreendedor e pronto a correr riscos que hoje, de certa forma, não tem mais. Todos fazem projetos como se fossem encomendas, com cliente e incentivo fiscal” (p.330). O compositor e cantor paulistano Maurício Pereira reforça: “Vejo pouca gente do ramo se dispondo a correr riscos (...) tenho a sensação de ver em todo canto despachantes especialistas em achar o acesso a dinheiros públicos, em achar (e vender) os mapas das minas. Parece que ter um bom projeto ficou mais importante que ter uma boa canção, uma bela peça, um grande filme” (p.332).
A produtora catarinense Eveline Orth entende que “O business ainda é que manda no mercado artístico brasileiro” (p. 315). E a atriz mineira Bete Coelho completa: “Hoje, o Brasil está em excelente momento para a produção de entretenimento, porque é mais rentável, mais consumível e mais palatável. Já em relação à produção cultural, contudo, estamos vivendo um período de estagnação e sem perspectivas” (p.303). De Salvador, o compositor e cantor Peri alerta: “A tecnologia foi a salvação, mas é também o perigo. Ela também cria disfarces e mentiras” (p. 348).
Bom, esses são alguns trechos de um debate que está no ar. O produtor pernambucano Paulo André, criador e diretor do Abril Pro Rock, está, assim como eu, convencido de que “Há uma nova música brasileira sendo produzida, como nunca, mas ignorada” (p. 342). Faço minhas também as palavras de Danilo Miranda: “O volume maior de eventos artísticos aprofundou a necessidade de criar ações educativas de mediação com os conteúdos apresentados, como forma de ampliar os públicos e incentivar as práticas culturais (...) Disponibilizar ao público maior diversidade de opções (...) conteúdo cultural de qualidade dentro de um processo de educação permanente” (306 e 398).


Antonio Pardo García, periodista
Toda una vida en la radio
Con más de 50 años de experiencia, “el rey del lead” hace ‘Una apuesta por el periodismo’ con su nuevo libro.
Tomado de Elespectador.com
Antonio Pardo García aborda, entre otras temas, la suplantación y superficialidad que hay hoy en el ejercicio periodístico./ Andrés Torres
¿De dónde surge la idea de escribir ‘Una apuesta por el periodismo’?
Comencé a escribir un texto que titulé Los hombres de la radio y me robaron el computador donde tenía todo escrito. Entonces mi esposa me dijo: “Vuelve a escribirlo, no te desanimes”. Fue cuando pensé que el periodismo en general (radio, prensa, televisión) tiene muchos vacíos y que, a través de mi experiencia, podía aportar y esbozar algunas ideas.
¿Cómo fueron sus inicios en el periodismo?
Fueron épocas maravillosas. Primero trabajé en una agencia internacional, AP, cuando tenía 16 años, luego en periódicos —El País, Diario de Colombia, Diario La Paz, La República—. En el año 56 empecé a trabajar en la radio, hasta hace poco. Más de 50 años en este medio.
Ha vivido la historia de la radio en Colombia, ¿cómo ve el panorama hoy?
Vi nacer el nuevo periodismo en los primeros años de la década de los años 50. En esa época se fusionaron el reportero y el redactor. La radio ha tenido una enorme y bellísima evolución. Los cambios han sido brutales. En general el periodismo ha caído en grandes dificultades, como la improvisación, y cuando ésta está presente hay superficialidad e irresponsabilidad. Así, la expresión final de la comunicación sufre un gran deterioro.
¿Qué papel juegan en ese sentido las facultades de periodismo?
La formación juega un papel trascendental en este proceso. Fui docente por muchos años y traté siempre de resaltar la importancia de la academia en el futuro del periodismo. Hay muchas fallas que se hacen evidentes cuando el joven llega a un medio. No sabe qué hacer, es un lenguaje ajeno a él.
Usted habla de la ‘suplantación’, ¿a qué se refiere?
Hoy en día hay mucha gente que no es periodista y está suplantando al profesional. El periodista de información y el de entretenimiento, tienen que ser profesionales. Uno encuentra que aquella radio que se hacía por ejemplo en 6 a.m. 9 a.m. con Yamid, Alfonso Castellano, Julio Nieto Bernal —que partió la historia de la radio—, ya no se hace hoy. Tenemos mucha superficialidad, que de hecho está permeando la radio seria.
¿Quién debería ser veedor en la comunicación para que esta situación no se salga de control?
Es complicada la situación. El gobierno no quiere intervenir y ojalá no lo haga, pues se pone en juego la libertad de prensa. Y algunas empresas tienen errores en el manejo de personal. Contratan muchachos que no son periodistas. También sucede que en las empresas no hay capacitación, no se auspicia al profesional para que se actualice con las herramientas y nuevas formas de comunicar.
Una crónica o historia que recuerde especialmente…
Hay muchas. Sin embargo, recuerdo ahora un programa muy lindo que fundé y se llamó La patrulla Caracol. Consistía en buscar personas que tuvieran algo que contar. Hice una entrevista en una cárcel a una muchacha de 22 años que se había casado 12 veces, pero la gracia no era esa, sino que se había casado como hombre. Ella era fornida, grande. Se casaba como hombre, pero era mujer.
¿Y cómo llegó a esa historia?
Yo era muy inquieto. Me iba a los juzgados y hurgaba historias en los casos que se publicaban allí. Buscando la historia de otra mujer, me topé con la de esa muchacha. Empecé a investigar y tuvo tanto éxito esa crónica que la pasé durante tres días y también me valió un Caracol de Oro.
¿Qué opina de la incursión en el periodismo de las nuevas herramientas de comunicación de hoy?
Hoy en día la radio tiene un gran enemigo que se llama internet. Pero no porque sea un enemigo malo, sino porque es un reto difícil de asumir. Los periodistas colombianos no hemos entendido eso. Me parece importante hacer un llamado a las nuevas generaciones y a las anteriores, para que encaren ese reto de una manera responsable.
¿Cómo no perder la calidad con la inmediatez?
La inmediatez es un enemigo muy grande. En el libro digo que la noticia se ha desmejorado por ese factor. Hay quienes dicen que la noticia hay que hacerla fría, con el rigor de los hechos. A mí me parece que la noticia debe hacerse con el encanto de la palabra bonita. No soy poeta, quisiera ser poeta; no soy escritor, quisiera serlo; pero sí venero las palabras bonitas.

Periodismo y Pensamiento


Gobierno debe destinar recursos para la protección de los periodistas
Tomado de Reporteros Asociados del Mundo/ Bogotá. Durante el debate sobre las amenazas a periodistas y las interceptaciones telefónicas este martes en el Senado han solicitado al Gobierno Nacional tomar medidas concretas para proteger la vida de los comunicadores.
La senadora Alexandra Moreno Piraquive pidió al Gobierno la expedición de un decreto extraordinario que permita brindar los elementos de seguridad necesarios para ejercer su oficio en condiciones de libertad particularmente durante el proceso de paz.
Según la congresista, el Gobierno debe destinar recursos para la protección de los periodistas y solicitó la creación de una unidad especializada en la Fiscalía liderada por un “súper-fiscal” que se encargue de liderar y centralizar la investigaciones de los asesinatos y amenazas a miembros de la prensa.
Moreno Piraquive aseguró que todo delito contra los comunicadores debe tener un agravante punible y enfatizó que no se puede repetir la historia del Caguán que una vez rotos los diálogos de paz muchos de los periodistas que cubrían el conflicto tuvieron que salir hacia el exilio.
“La labor del periodista debe ser reconocida como una profesión de alto riesgo a la que se le debe brindar todas las garantías y beneficios de ley a través de salarios acordes al riego así como la protección que permita la integridad suya y la de su familia”, anotó Piraquive
La senadora se mostró preocupada por los altos índices de impunidad en las investigaciones de la violencia contra los periodistas que en los últimos 30 años alcanzó el 90%, “lo que sin duda demuestra que quien quiera atentar contra la prensa tiene una gran posibilidad de esquivar la justicia”.

El cerco a Petro
Guillermo Segovia Mora
El libreto, que por momentos parece desarrollarse con éxito, dados los intereses emparentados, por su evidente finalidad e incoherencias, cojea. Puede que logre su cometido, pero no convencerá y al no tener credibilidad ni legitimidad, más temprano que tarde, será la razón del sacudón que se necesita para acabar el sainete en que ha convertido la enclenque democracia colombiana. La elección de Gustavo Petro como Alcalde Mayor de Bogotá sorprendió a la mafiocracia y el empresariado neoliberal. Por primera vez, el poder del clientelismo y la corrupción en la ciudad pierde sus anclajes institucionales y ve surgir una alternativa ciudadana que puede cambiar el rumbo. De ahí la reacción desesperada y brutal que busca ponerle fin con una opereta en tres actos.
El primero era obvio: construir el enemigo. Gracias a la masividad, reiteración y manipulación de los medios comerciales, que como apéndice de conglomerados económicos operan en la lógica de los intereses de sus propietarios y de periodistas comisionistas, más no de la ética informativa, se presenta al líder de la lucha anticorrupción, contra la parapolítica y el paramilitarismo, como autoritario, inepto y desubicado. Y se minimiza y ridiculiza su gestión. Miserable que al compromiso más serio de construcción del Metro se le compare con las cortinas de humo del pasado y repugnante que, desde el editorial de un periódico de propiedad de un poderoso constructor y financiador de vivienda, se cuestione la propuesta de ordenamiento territorial. Con tal descarga no hay reputación que aguante, pero Petro hace honor a su apellido.
Entonces aparece en escena el actor aparentemente contundente. Ungido por sus disciplinados, en contraprestaciones impúdicas de protocolos y prebendas, el Procurador General de la Nación se convirtió en supra-poder intocable, ya que es ingenuo pensar que la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado o el Congreso de la República -todos socios en el torcido que fue su reelección, ante la que el Gobierno Santos pasó de agache- activen sus funciones para disciplinar o encausar al señor Ordoñez por la inconstitucionalidad aberrante y la arbitrariedad en sus tendenciosas decisiones en el ejercicio de un ministerio público ideologizado, beato, decadente y parcializado, una magistratura anticonstitucional y medieval y adversa a una solución política del conflicto armado, que urge la movilización nacional de desobediencia civil y de exigencia de su renuncia por el poder constituyente y soberano. Es la tabla de salvación del establecimiento para sacudirse de esos experimentos incómodos que pone a andar la colombianidad inconforme, distinta y diversa. De sus anatemas sobre maleables formalidades pende el mandato popular de Petro.
El segundo acto es obra de mañosos: “empapelarlo”, matarle los alfiles -la sanción disciplinaria contra Guillermo Asprilla contraria a sentencia judicial absolutoria-, y estrecharle el cerco para mantenerlo ocupado, distraído y, creen, desesperado. Paralizar la ejecución de los proyectos contemplados en el Plan de Desarrollo Bogotá Humana, la propuesta más social, coherente, ambiciosa y futurista puesta en marcha en la ciudad en su historia. Acostumbrado a dar la cara y a los desafíos, Petro no se queda quieto. Por el contario, ante la desesperante modorra de la burocracia inerte, en un gran porcentaje intencionada; el cinismo de los negociantes particulares, el oportunismo de los grupos desheredados del poder y la indiferencia de una población adormecida por la politiquería, mueve su tropa y el plan marcha. En la primera batalla, desprivatizó la recolección de basura, explotada sin rubor por negociantes de mala reputación; concreta un trabajo digno para los recicladores y da el paso para un manejo productivo y ambiental de los residuos.
Un operativo de esa magnitud, tenía el riesgo de confrontarse con las formas, las super y las ías, garantes de la “libre competencia” (el manejo privado del servicio). En lo de las basuras, la moneda está en manos de Ordoñez. Con cara, Petro puede ser sancionado (¿o destituido?) por constreñir el mercado o por como hizo las cosas para garantizar un servicio público. Con sello, lo habría sancionado por no hacerlas y por el incumplimiento de la orden de la Corte de garantizar trabajo digno a los recicladores, argumentado en
demandas hipócritas. De nada valdrá, que la Contraloría General haya comprobado irregularidades de los privados y conceptuado que los equipos por ser de la ciudad le deberían ser devueltos, como lo acaba de corroborar la justicia, noticia que se calló o minimizó en los medios. Si no es en esa causa, en cualquiera otra de las cientos que cursan en la Procuraduría, y otras instancias de vigilancia y control, por ñaos cegas ante la corrupción, se buscará neutralizar el plan petrista. Ojalá Santa Laura los ilumine.
El tercer acto es una maroma oportunista: Un congresista de desempeño gris y sangre azul, espoleado por los intereses golpeados y bien financiado, promueve la revocatoria de mandato a un alcalde que está cumpliendo su programa, por lo que la refuerza con la etérea causal de “insatisfacción generalizada”, de una opinión que cambia con el clima. Pero su aparente satisfacción, por haber triplicado el número de apoyos solicitado por la ley, trocó en preocupación, con las últimas actuaciones del Gobierno Petro, las irregularidades (ingenuas, técnicas y deliberadas) de la recolección de firmas -ya aceptó rebajarse 200 de 600 mil y hasta la del Alcalde está duplicada y falsificada -, y las dudas sobre el origen de los recursos. Con todo, si quedara en pie el mínimo requerido para convocar elecciones, lo que obligaría a abrir campaña, y, si, además, se lograra llevar a las urnas al 55% de quienes votaron en la elección anterior, aún con el apoyo parcializado de algunos medios por la revocatoria, la opción democrática es que se imponga un ¡NO! refrendatorio.
La farsa tiene previsto un final truculento: Un Alcalde desprestigiado, sancionado y revocado. Su muerte política y, en caso de destitución, nuevas elecciones y en grave riesgo la propuesta progresista. De no cumplirse en su totalidad, es evidente que afectará la hoja de ruta de la administración en aras de lograr gobernabilidad. Entre los colmillos de las investigaciones disciplinarias y los acuerdos obligados con el Concejo para generar gobernabilidad -por los que clamaron los medios y analistas y ahora cuestionan- , darle músculo al plan de desarrollo y posibilitar el de ordenamiento (con valorización y cupo de endeudamiento de por medio), Bogotá Humana recibirá una dentellada. Mensaje desafortunado para las negociones entre el Gobierno y las Farc en La Habana. Una institucionalidad enjalmada mantendrá a las fuerzas alternativas en el eterno papel de oposición. Santos sabe que la paz de Colombia pasa por Bogotá. Eso en algo ayuda.
Ante la ciudad decadente del frentenacionalismo, que incubó y lucró de los carruseles de hoy, dos gobiernos del Polo continuistas en el modelo económico con algún acento asistencialista, en el último de los cuales, los Moreno ampliaron la estructura criminal, recostados en una izquierda complaciente -¡pido perdón por ese voto!, llegó Petro y mandó parar. Metió a la capital en los debates y las decisiones fundamentales de la humanidad en la era de la globalización y el altermundismo. El desastre neoliberal evidenció que el problema no estaba en la ineficiencia per se del Estado, cuyo debilitamiento facilitó la expansión de la corrupción, y que el mercado jamás será socialmente justiciero, aunque el credo se siga a pie juntillas en las instancias nacionales y los opinadores de derecha. El discurso y la acción de la retoma de lo público como patrimonio de todos, en el nauseabundo actual estado de cosas nacional, es una ruptura tracendental. Apuntala la visión de equidad del plan de desarrollo y la propuesta de ordenamiento territorial, democratizando el uso del suelo, los recursos y el ejercicio del poder en la ciudad. Es revolucionaria una administración al lado de las víctimas, de los pobres, de los marginados, de los más vulnerables, de la diversidad, de la diferencia, de los demás seres vivos y de la naturaleza.
Intervenir el Bronx, ofrecer alternativas a la indigencia y poner en jaque la peligrosa estructura criminal del microtráfico. Gobernar para la niñez como el principal potencial de la sociedad. Recuperar el carácter social y público de la educación y la salud. Potenciar el acceso a tecnologías y conocimientos para todos. Considerar el agua factor vital y atender las amenazas del cambio climático. Bajar las tasas de mortalidad más allá de los índices previsibles. Lograr no sólo aminorar la pobreza, sino reducir en algo la desigualdad. Hacer democracia con la gente en las calles y cultura política desde Canal Capital. Politizar una sociedad por sus derechos -a lo que mezquinamente llaman lucha de clases. Son éxitos de esa audacia a la que le temen y que con armas innobles atacan los parásitos y el statu quo de la ciudad. Pero una Bogotá distinta es posible.

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