Trafugario

“El general tiene toda la razón” 

Por: José Óscar Fajardo 

Exactamente el domingo pasado en las páginas editoriales del periódico El Tiempo, el General Oscar Naranjo, exdirector de la Policía, hizo un comentario tan acertado que a mí me pareció, no solamente lapidario sino digno de un sesudo análisis. Dice el General: “Por fortuna, día a día pierde aceptación la tesis política de que la delincuencia es una expresión natural de la pobreza, pues nada más arbitrario que graduar injustamente a los más humildes de criminales, desconociendo que una de las razones causales de la inseguridad y la violencia no es la pobreza, sino la exclusión social”. Y que los grandes criminales de este país no son exactamente los vaciados. Frase que no atinó a acotar mi muy acertado General. Por su parte el escritor antioqueño Fernando Vallejo, en una de sus primeras novelas publicadas en un mamotreto de cinco, no recuerdo en cuál, el excéntrico novelista afirma categóricamente que los principales problemas de casi todos los países son los generados por los pobres. No por la pobreza en general, sino por los pobres, aclara. Hay un escándalo callejero porque ha pasado algo y es que un pobre acaba de cometer un delito, palabras más, palabras menos, así enfatiza. 

Para mí, un modesto terrenal, la frase más contundente escrita por García Márquez, de tantas, y que aparece en El Otoño del Patriarca, dice así: “…Y se repartirán la patria entre los gringos los ricos y los curas y los pobres seguirán como siempre porque el día que la mierda tenga algún valor los pobres nacerán sin culo”. A su vez las sagradas escrituras vaticinan, promisoria, blancuzca y soporíferamente que, “Bienaventurados los pobres porque de ellos será el reino de los cielos”. Chanfle. Y como Colombia es un país extremadamente verraco para exportar personal humano, no científica, tecnológica ni intelectualmente, sino drogas heroicas, rateros, sicarios y putas, que lógicamente provienen de esa franja de pobres de la que habla el escritor Vallejo, y que ya llega sin misericordia estatal al 32% de los 47 millones de almas que pernoctan en este paraíso terrenal, y en donde se expanden por el medio ambiente como un gas, algo así como 12 millones de colombianos que según el PNUD, sobremueren en las más paupérrima miseria con menos de un dólar al día los que mejor están. Eso que Colombia tiene un territorio más grande que cualquier país europeo exceptuando a Rusia y a Ucrania, y costas sobre dos océanos y bla bla bla como lo enseñan en los colegios. 

Por eso me pareció importantísimo lo que afirma el General, porque el problema en realidad no nace en las toldas de una clase pobre y pauperizada. O mejor, más desgraciada. En ese mismo periódico y ese mismo día, en otro artículo aparece un gráfico estadístico donde fragmentan el país socio-económicamente así: Los verdaderos ricos el 2,5% de la población. 33% de pobres en estado de indefensión. Un 30.5% de clase media que está que se tambalea, y un 34% de pobres en grave peligro de caer en el combo del lumpen de los arrasados. Pero como es un 2.5% de la población la que manda en la Nación y los que en realidad se reparten la parte más voluminosa de la marrana burocrática, entonces el General tiene toda la razón. Es la exclusión, la no participación de los bienes del Estado, y no los pobres, lo que ocasiona la desgracia de la mayoría de los colombianos. Es la corrupción enquistada dentro de la Administración, y no los pobres, los que tienen a este país con semejante tuberculosis social. 



Agreden equipo periodístico en Bogotá y Cali. En los mismos hechos queman y atacan los vehículos de prensa 

Tomado de Reporteros Asociados del Mundo. En la noche del jueves, un equipo periodístico de RCN que cubría un procedimiento de la Polícia, al parecer de contrabando de ropa en la localidad de Tunjuelito, al sur de Bogotá, fue agredido por un grupo de jóvenes del sector que minutos antes había sostenido disturbios con el Esmad de la Policía por el operativo. 

El equipo periodístico, integrado por Javier Patiño, Pedro Ruíz, José Goyeneche, Luís Bergaño y Alex Gerchar, estaba enviando el material que habían grabado de las protestas que se presentaron en el lugar para el noticiero internacional, y “un grupo de muchachos que aprovecharon que ya se había ido la autoridad y estábamos solos, hicieron vandalismo contra la camioneta que se encontraba identificada con los logos del canal, le prendieron fuego y se llevaron algunos aparatos que encontraron allí. Dos de nosotros alcanzamos a recoger una parte del equipo y otros dos nos subimos a otro carro que no está identificado como del canal; los muchachos empiezan a lanzar piedras”, aseguró Javier Patiño, periodista de Noticias RCN. 

En diálogo con la Federación Colombiana de Periodistas, la oficina de Comunicaciones de la Policía Nacional lamentó los hechos e informó que ante el llamado de los comunicadores, los uniformados regresaron a la zona rápidamente para protegerlos. Por su parte, el coronel Gustavo Franco, reiteró el ofrecimiento para acompañar los equipos periodísticos y evitar actos vandálicos que afecten la libertad de prensa y que pongan en riesgo la vida de los profesionales. 

El mismo día, y en hechos similares, dos periodistas y un fotógrafo del periódico Q´hubo, resultaron heridos cuando el vehículo en que se transportaban fue atacado por varias personas en el Distrito de Aguablanca, en Cali, Valle del Cauca, cuando cubrían el homicidio de un hombre que se encontraba en una cancha. 

“Intentábamos salir del lugar y unas treinta personas rodearon el vehículo, nos agredieron verbalmente y luego con piedras, patadas y puños. Como no pudieron detener el vehículo, rompieron los vidrios, me generaron heridas en el rostro, y además, las esquirlas le produjeron contusiones leves al fotógrafo y a mi compañero periodista”, dijo el reportero Darwin Dávila. 

La Federación Colombiana de Periodistas lamenta que sumándose a los recientes hechos de amenazas e intentos de homicidio, se presente una creciente intolerancia de sectores de la población civil que en medio de tensiones sociales agreden a periodistas. 

La hostilidad contra los comunicadores refleja un ambiente de indiferencia sobre el contexto de violencia que padecen los periodistas en Colombia, con graves consecuencia al del derecho de la sociedad a estar informados. Instamos a las autoridades a garantizar la libertad de prensa, a investigar y judicializar a los responsables de estos repudiables hechos. 

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