CPB rechaza amenazas a periodistas en Córdoba y Cesar

CPB rechaza amenazas a periodistas en Córdoba y Cesar 

Tomado de Reporteros Asociados del Mundo/ Bogotá. El Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, rechaza las amenazas que han recibido en las últimas horas los periodistas Herlency Gutiérrez (RCN Radio); Jaime José Daza (Maravilla Stereo); Damaris Rojas (periódico Al Día Valledupar); Renier Asprilla (El Heraldo), Katia Ospino (Noticias UNO y CM&), Óscar Arzuaga (La Tribuna del Cesar de Radio Guatapuri), Ubaldo Anaya Flórez (Noticiero RPT), Martín Mendoza (Caracol Televisión y periodista judicial de El Pilón), efectuadas por Ejército Anti restitución de tierras, porque cubren temas de orden público y judicial y en los dos últimos meses han publicado noticias relacionadas con restitución de tierras a las víctimas. 

Los periodistas amenazados han sido declarados objetivo militar y tienen 24 horas para salir de la ciudad, hecho que deja al descubierto el peligro que corre esta profesión en Colombia. 

Ese mismo grupo delincuente había amenazado a algunos líderes de tierras en ese departamento. Estas amenazas suceden después de que la Unidad de Reparación a Víctimas celebrara un evento de restitución de tierras, encabezado por el presidente Juan Manuel Santos, en el corregimiento de Santa Paula, en el departamento de Córdoba. 

Este es un nuevo atentado contra la libertad de prensa , señaló William Giraldo, Presidente del CPB y advirtió que en el país se siguen presentando este tipo de denuncias de manera permanente, violando los derechos de los comunicadores en el país. 

El CPB rechaza abiertamente estas amenazas y hace un llamado a las autoridades gubernamentales para que se investiguen de inmediato estos hechos y se proteja la vida de los colegas, quienes han cumplido con el deber de informar los hechos que acontecen en estos departamentos. 

Señaló William Giraldo que el CPB estará atento de las investigaciones que adelantan las autoridades competentes, para velar por la defensa de los derechos de los periodistas y en particular por el de la libertad de prensa en Colombia. 



Memoria de la masacre de Trujillo 

Personaje: la partera 

Por: Orinson Perdomo 


Que no me diga tía, cuantas veces se lo he dicho, que no me diga tía, que esa palabra se me clava en el alma, hiere mis entrañas y es como un alfiler asesino y traidor.
Cuantas veces, desde esta muerte he vuelto a empinar la voz, para decirle, para decirles que por todos los santos del mundo, no me digas Tía, palabra puente del engaño, golpe de voz traicionera y asesina, por que así fue, con esa palabra después de unos golpes a mi puerta, todo se derribo: la puerta, la casa y la dignidad de la vida. 

Por eso, por el amor de dios, por mi memoria, por la posible presencia y memoria de mis atormentados días, no me digas tía. 

Y recuérdalo bien, no me digas tía, ahora, que como muchos, ahora que como muchas volvemos a hablar desde la muerte. 

Y recuerda que de alba en alba, que de aquella oscuridad sembrada en la madrugada del 1º de abril de 1990, en la masacre de La Sonora, obra de ejército y paramilitares, siempre hablaré, siempre hablaré desde la voz de los ausentes, siempre hablaré desde la voz de mi hija que aún resiste y sobrevive. 

Por eso Berenice, diles que no me digan tía y relata lo que en La Sonora y en Trujillo es hoy para la humanidad vergüenza, dolor e indignación. 

Y no olviden que el pasado de los humildes es como una canción trunca y que de alba en alba se nos escapan las palabras, la calma huye, ya no hay sosiego en la noche campesina, la calma huye y la esperanza de la travesía hacia tus manos, hacia los afectos, hacia la solidaridad y el respeto a la vida, muere, muere, desaparece. 

La realidad vive como una serpiente incorpórea, como un relámpago que nos quita todo, que nos niega el cielo, la tempestad es la atronadora voz del odio humano que masacra la noche, esa serpiente de los poderes es una voz traidora, es un cuerpo y muchos cuerpos decapitados; es la noche donde las horas son afilados y equivocados cuchillos, es el fusil, la motosierra, el uniforme, la bota con su marcha de cuartel agazapado, el machete con el que nos despellejan, es la piel de la vida, la del cuerpo y la del alma que nos quitan. 

Que no me digan tía, por que esa palabra es la anticipación del resuello, la agonía, el dolor, los gritos apagados por la noche y las ráfagas inclementes. 

Que no me digan tía por que esa palabra antecede y mata toda posibilidad de calma, mata el sueño, los deseos, la esperanza y niega mi vocación por propiciar el parto de la vida, siempre la vida, que no me digan tía por que esa palabra es el pacto y el parto de la muerte.
Cuéntales Berenice, que el tañido de las campanas ya no llaman a nadie, ya no llaman a Dios, que el tañido de las campanas es grito mudo, apagado en la noche, es un presagio fúnebre, que va del foso al crucifijo sordo, del crucifijo a los cadáveres, de los cadáveres a la incontenible muerte, de los cadáveres a la noche que muere infinitamente. Las campanas y su tañido se derriban con la esperanza y Dios al llamado de hombres y mujeres y al llamado de las campanas no asiste, así el estado y la justicia. 

Por eso no me digas tía, que no quiero de nuevo caer en el mar de la destrucción de la memoria.
Dónde estaba Dios, dónde la iglesia, dónde estábamos, que hacíamos, qué territorio habitábamos, por qué nos condenaron al paraíso por un instante y a la muerte no pedida por toda la eternidad, por qué Dios se volvió lluvia, clamor desatendido, noche cómplice, sangre ávida de sangre, hambre voraz de odio, relieves de terror; y yo aquí en esta ausencia no pedida.
Que no me digas tía que voy de un luto, de luto en luto no pedido, que no me digas tía que voy por la senda del dolor. “Voy de regreso/ al negro limbo,/la historia/ no escrita de nuestras tensiones./ Aquí yacen los muertos/ en una jerarquía de pequeñas derrotas/.”
De esta oscuridad como golpes infames a la puerta relata Berenice dale mas voz a mi voz, une tu voz a mi voz, ahora que vuelvo de la muerte. 

Si señoras y señores, así ha quedado patentado el testimonio de lo que sucedió en La Sonora en 1990, y halla voz y letra en 1995, en el documento “Sangre de mártires semilla de esperanza: construcción de cuerpo y memoria tras la masacre de Trujillo”. 

Yo Berenice, sobreviviente de todas las Masacres y de todos los olvidos, les refiero que : “En la masacre de Sonora fue desaparecida la partera del municipio, María Esther Cayapú Trochez, mujer de origen indígena que un año tras había defendido a su hijo de la agresión de un policía en la marcha campesina”. 

Y como hija puedo contar: 

“El día primero llegaron un grupo de hombres que empezaron a llamar a la puerta diciendo “tía, ábranos” (…)
Mi mamá María Esther Cayapú de Arboleda respondió que “quienes eran”. Uno de ellos respondió “soy Cruz. Ábranos o, si no, tumbamos la puerta”. 

Abrimos y la casa estaba rodeada de militares, entre 8 y 10 con armas largas, uno encapuchado(…)
Uno de ellos le dijo a mi mamá que si yo también, y dijo que no, que ella, refiriéndose a mí, “se queda con los chinitos”, y si no también la echábamos.” 

Por eso, no me digas tía esa palabra esta empobrecida por su mal uso, carece de honradez, de transparencia, carece de música, ya no tiene música, ya no es la música que es conocimiento, amor a la vida, amor, armonía, puente para integrarnos y ser otros, por eso Berenice por tu dignidad, por tus testimonios de muertos y desaparecidos volveremos a la vida, a la memoria de los colombinos que se resisten a todas las muertes y ven con dignidad la vida. 

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