Periodismo y Pensamiento

William Giraldo, presidente del Círculo de Periodista de Bogotá, habla sobre los más recientes atentados 



Tan pronto nos enterramos del ataque a Ricardo Calderón, expedimos un pronunciamiento bajo el titular “Oídos sordos” y era para señalar que las advertencias que sobre estos temas de seguridad de los periodistas hacemos las agremiaciones del sector, caen al vacío. 

“Oídos sordos” porque no hay respuestas a nuestros pronunciamientos, porque la Fiscalía General de la Nación no responde, no actúa o no conocemos los resultados de las investigaciones que mantienen en la impunidad los asesinatos de más de 117 periodistas en los últimos treinta años. 

Oídos sordos porque a Antonio Vargas, un periodista de Pereira que recientemente había sufrido un derrame cerebral y tenía paralizado medio cuerpo, el ex parlamentario Octavio Carmona, condenado a más de siete años de prisión y en calidad de ex convicto lo atacó por la espalda, a golpes lo tiró al piso, lo pateó y lo amenazó de muerte junto con su familia si no se iban de Pereira y un mes después no había pasado nada con las investigaciones de la Fiscalía, ni tenía protección para la vida de él y de su familia. Y así sigue según me comentó hace unos días. 

Rechazamos el ataque a Ricardo Calderón y a todos los colegas del país que han sido amenazados y obligados a emigrar a otras ciudades o a encerrarse en sus casas ante la falta de garantías y de protección frente a las amenazas. 

La Constitución y las leyes dan garantías para la libre asociación en defensa de los intereses y derechos de los agremiados, pero las autoridades simplemente desconocen o guardan silencio para restarle importancia a organizaciones como la nuestra. Así lo han hecho más recientemente la Fiscalía frente a nuestras solicitudes públicas para que se investiguen los hechos que afectan a los periodistas colombianos tanto con los homicidios como con las amenazas. 

En el caso de Ricardo Calderón, interpretamos que se trató de una advertencia, un aviso para que no continúe alguna de sus investigaciones. Tal vez se enteraron de alguna que venía o viene adelantando. 

Ese atentado es una advertencia porque si el propósito hubiera sido matarlo, se le acercan, como lo hacen los sicarios y se aseguran de dejarlo sin vida y el escenario, un lugar solitario de la carretera, de noche y haberse detenido voluntariamente del vehículo por cualquier necesidad personal que tuviera, era la oportunidad propicia para la actuación de eventuales sicarios, pero no lo hicieron y dejaron el aviso con los cinco o más impactos que dijeron en el vehículo del periodista. 

Y no sabemos nada de resultados de esa investigaciones. 

Y el Procurador General, también hace oídos sordos: después de calificar a todos los periodistas colombiano de ser drogadictos, se le pidió respetuosamente en un pronunciamiento que presentara excusas públicas al gremio y "se hizo el de las gafas", como se dice popularmente a quien con soberbia esconde un reclamo mostrando indiferencia. 

Y es que la indiferencia ha sido la herramienta de las autoridades para responder a pronunciamientos o cuestionamientos gremiales como e de la necesidad de despenalización de los llamados delitos políticos o de opinión. 

Las denuncias penales por injuria y calumnia contra periodistas y columnistas han servido como instrumentos para amedrentar a periodistas y medios que terminan aplicando auto censura para evitar "complicaciones" con poderosos personajes. 

A las agremiaciones periodísticas colombianas les corresponde seguir pronunciando se en defensa de la vida y de la libertad de expresión aunque no las oigan ni las vean las autoridades gubernamentales ni los propios medios de comunicación del país. 

Nos oyen. Nos leen, nos publican y nos preguntan sobre la suerte de los colegas en medios y organizaciones internacionales. 

Recibimos mensajes y el apoyo moral del exterior, como lo hizo recientemente la Asociación Nacional de Periodistas de la República Popular China, cuyos directivos vinieron a reunirse con nosotros en Bogotá, interesados en conocer detalles sobre la libertad de prensa y particularmente sobre la ética periodística en Colombia. 

Nos explicaron que en China los periodistas y los directivos de los medios de comunicación pertenecen a esa asociación y que la libertad de expresión, de información y de prensa están bajo la responsabilidad de los directores o editores de los medios. Lo único que esta prohibido en China, nos explicaron, es publicar noticias que generen pánico a la población. 

Colegas de México, Venezuela y Ecuador han celebrado nuestro apoyo y solidaridad frente a las amenazas a la libertad de tensa, los encarcelamientos o los asesinatos de colegas de esas naciones. 

Aquí no pasa mucho, casi nada. Las agremiaciones periodísticas, además, se debilitan también por la indiferencia de quienes deberían estar en ellas sumando esfuerzos para la defensa de sus propios derechos, incluyendo en ellos el derecho al trabajo con salario digno. 

A las agremiaciones, aunque sus denuncias caigan al vacío, no les queda otra alternativa que seguir haciendo pronunciamientos para que nos oigan y nos lean afuera, para que nuestros colegas de otras naciones se preocupen y eventualmente organizaciones como la SIP o las relatoras de la OEA y la ONU en cuestiona de derechos humanos, volteen a mirar para estos lados. 

La OIT no ha preguntado nunca sobre las condiciones laborales de los periodistas en Colombia y eso que el país tiene delegados sindicales en esa entidad. 

Aquí abunda el acoso laboral en los medios, pero si las agremiaciones denuncian, no hay afectados dispuestos a atestiguar o a denunciar porque las circunstancias nos llevan a todos a pensar con el estómago. 

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