Sobre Álvaro Uribe Vélez

Por: Héctor Abad Faciolince 

SI EL EXPRESIDENTE URIBE pensara y escribiera bien podría dedicarse, como Lleras Camargo, Lleras Restrepo o López Michelsen, a opinar en los periódicos, o a escribir sus memorias. Pero Uribe no es un hombre de pensamiento, sino un hombre de acción. 

Si el ex presidente Uribe amara la música, la poesía o la literatura, podría encontrar un puesto en alguna fundación de apoyo a la cultura, como Belisario, pero acabó con la Sinfónica de Colombia y la Banda Nacional, o si amara las artes plásticas, podría coleccionar buena pintura, como César Gaviria. Pero al ex presidente Uribe no lo conmueve la novela, no le interesa el arte, y la poesía que le gusta es la de Robledo Ortiz. 

Si le gustara el trago, podría consolarse, como Valencia, con unos aguardientes, pero el ex presidente es abstemio. 

Si fuera el ex presidente, al menos, un mujeriego, podría anular su matrimonio, como hizo Turbay, e irse de Embajador al Vaticano con una nueva esposa bien joven, que le hiciera masajes en los pies.. Pero al ex presidente no le interesa la lujuria. 

Si le interesara la filología podría escribir un diccionario, como aquel otro Uribe, Uribe Uribe, o traducir la Eneida, como Caro. Si le gustara la comida, si tuviera sentido del humor, podría al menos dedicarse a comer, y a contar chistes, como Samper. Pero se sabe que Uribe ni siquiera entiende los chistes. 

Si tuviera buenos amigos, podría viajar contento por cientos de países, en compañía de otros jubilados jóvenes, como Pastrana. Pero él no tiene amigos, sino aliados, que más que amarlo le temen. 

Entonces, como el ex presidente Uribe sólo tiene el vicio incurable del poder, la adicción al mando, la costumbre irrefrenable de llevar siempre las riendas, las espuelas y la fusta, entonces ahí lo tendremos, vociferando en Twitter, enviando comunicados de muy dudosa lógica jurídica o política, rojo de indignación, verde de rabia, enfermo de ira, regañando a los columnistas, insultando a los jueces, manoteando contra los traidores, aconsejando exilios a sus ex funcionarios (no para protegerlos sino para que al fin, en la desesperación de los interrogatorios, no acabe por zafárseles la verdad). 

Porque la verdad monda y lironda es que el DAS dependía y depende de la Presidencia de la República. Y los del DAS pusieron micrófonos en la sala de la Corte Suprema, para oír ilegalmente sus deliberaciones. 

Si el FBI o la CIA hubieran hecho esto en Estados Unidos, las consecuencias para el gobierno que hubiera instigado semejante insulto se oirían durante siglos. No es posible chuzar a la Corte Suprema y luego pretender que la Corte Suprema se cruce de brazos. Porque ordenarles a los servicios de inteligencia chuzar a los altos magistrados y a los principales periodistas y opositores políticos del país es un delito más grave, muchísimo más grave que el escándalo de Watergate. 

¿Por qué se va al exilio la señora Hurtado? Para no tener que decir de dónde venía la orden de oír a los jueces, a los políticos y a los periodistas, ya que confesar esa verdad era lo mismo que poner una lápida en su pecho. Mejor callada en Panamá que acorralada aquí entre la pared de la verdad y la espada del miedo. 

Uribe y sus aliados son poderosos, pero hoy son los huérfanos y las viudas del poder. Nosotros, los periodistas, podemos convertirnos en los altavoces, en los amplificadores de sus rabietas y diatribas, o simplemente dejarlo que grite y vocifere a solas en su Blackberry. 

Tenemos la tentación de seguir en ese ambiente crispado, lleno de rabia y adrenalina al que nos acostumbró su gobierno... Pero lo más sensato sería hundir el botón de &#8220mute&#8221 cuando estos cruzados del odio vociferan, e insultan. Ya pasamos esa página, ese trago amargo. 

No le demos más prensa ni le prestemos más atención a tanta rabia. Bajémosle la fiebre a todo esto hundiendo ese pedal que en el piano se llama sordina. Que grite solo.. Y preguntémonos en silencio, simplemente, de cuando en cuando, por qué no se callará. Porque eso sería lo mejor para todos: que se callara. 

P.D.Si usted es incondicional de Alvaro Uribe no lo reenvíe porque a usted no le conviene que se sepa la verdad ...pero si este documento es REVELADOR colabore a difundir una verdad. 



Congreso nacional de periodistas. 

Tolú, Sucre. Mayo de 2013/ Tomado de Caja de Herramientas 

Periodistas amenazados, comprometidos con la verdad y el interés de la comunidad que dan todo de sí por el bienestar general son los que cuentan la cotidianidad en medio del conflicto colombiano, a costa de su vida. 

Periodistas de todas las regiones del país reflexionaron en Tolú, Sucre, sobre su compromiso moral con la consecución de la paz para Colombia, en el marco del Congreso del Colegio Nacional de Periodistas-CNP; una comisión de sucreños, encabezada por María José Campo Bujato, fueron los anfitriones de más de un centenar de agremiados asistentes a tan importante evento gremial, llevado a cabo en días recientes. 

Participaron como panelistas, entre otros, el reconocido y controvertido periodista Hollman Morris, Director del Canal Capital de Bogotá, y el senador Jhon Sudarsky, congresista comprometido con la consecución de la paz en el país, miembro de la bancada del Partido Verde. 

El congreso giró sobre dos ejes fundamentales: La paz de Colombia y la unidad gremial. Fueron intensas jornadas académicas en las que los participantes se volcaron activamente a expresar sus inquietudes, perspectivas y críticas sobre el papel de periodismo en la divulgación de los avances de las discusiones adelantadas por el gobierno nacional con las FARC en La Habana y sobre la posibilidad del posconflicto, la justicia transicional y el Programa Alternativa a la Violencia, que adelanta el Servicio Paz y Justicia en América Latina. 

Punto importante de debate fue el resultado del foro con representantes de las principales casas periodísticas colombianas que llevó a cabo la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano sobre el abordaje en los medios de comunicación del conflicto armado colombiano y de las negociaciones gobierno-FARC, en donde concluyeron: “Que el éxito o fracaso que pueda tener la negociación en La Habana depende en gran medida a la forma como se aborde periodísticamente la información que de allí surge”. 

El periodista polaco, Ryszard Kapuscinski, con su sentencia: "Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus interese, sus dificultades, sus tragedias”, sirvió de fundamento para abrir la discusión sobre el manejo que, desde el periodismo, debemos darle a temas diversos de las diferentes regiones del país que guardan relación con la eventual pacificación de Colombia, consultando a las fuentes directas, sin intermediarios y desde el lugar de los hechos, no solamente desde las salas de redacción. 

“Darle voz a los que no tienen voz”, aspecto resaltado por las declaraciones concedidas por Alberto Salcedo Ramos, recientemente ganador del premio de periodismo Ortega Gasset, también fue objeto de debate en el Congreso de Periodistas por la paz de Colombia; se insistió en la necesidad de dar a conocer las opiniones del ciudadano aparentemente común y corriente, puesto que desde su óptica tiene una mirada sobre la manera de superar las divergencias y por ende el conflicto armado que tanto ha afectado sus vidas. 

Finalmente, se destacó que los medios de comunicación, al igual que los indígenas, las mujeres, los campesinos y demás sectores sociales que componen el entramado social colombiano, son muy importantes en la consecución de la paz para Colombia, tal como quedó sentado en el foro Participación Política, realizado recientemente en Bogotá, en el que intervinieron más de mil doscientos participantes, entre nacionales e invitados extranjeros, con la coordinación del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo-PNUD. 

La nueva Junta Directiva del Colegio Nacional de Periodistas-CNP Colombia, elegida en el Congreso quedó integrada de la siguiente manera: 

Presidente, Gabriel Salcedo Román de San Andrés; Vicepresidente, Ricardo Díaz De La Rosa, de Atlántico; Secretario, Emil De Hoyos Mejía, de La Guajira; Tesorero, María José Campos Bujato, de Sucre; Fiscal, Jesús Peña López, de Meta. 

Las secretarías, quedaron así: Prensa y Relaciones Públicas: Enrique Ochoa González, Santander; Asuntos educativos, salud y vivienda: Agustín Suárez Ramos, de Norte de Santander; Asuntos gremiales: Jorge Corena Zapata, de Lorica, Bajo Sinú; Asuntos culturales: Francisco Sánchez Matamoros, de Duitama; Asuntos Internacionales: Luz Ruiz Botero, de Quindío. En la Comisión de Ética, quedaron: Presidente: Francisco Javier Barrios Yepes, de Sucre; Vicepresidente: Moisés Genovel Varticovsky Beltrán, de Atlántico; Secretario: Mario Gómez Díaz, de Santander. 

Como vocales, quedaron: Hermes Francisco Daza Díaz, de La Guajira; Hugo Ernesto Ladino Hernández, del Meta; Gustavo Betancourt, de Caldas; y Daniel Alfredo Cano Álvarez, de Córdoba. 

Buen viento y buena mar se le augura a tan selecto grupo de periodistas con el fin de repercutir en nuestra amada Colombia en la consecución de la tan anhelada paz, con visión del posconflicto pasando por la justicia transicional.

Alerta

Aparece panfleto contra ocho periodistas en Valledupar. 

La Fundación para la Libertad de Prensa- FLIP rechaza el panfleto conocido del 6 de Mayo, a las once de la noche, en la ciudad de Valledupar, departamento del Cesar, en el que se amenaza a ocho periodistas de la región: “Se le informa a todos los vallenatos que a partir de este momento los siguientes periodistas (sapos), son declarados objetivos militar y tienen 24 horas para salir de la ciudad”. Se lee en la amenaza firmada por Ejército Anti restitución de tierras, con fecha del 5 de mayo. 

Los periodistas intimidados son: Herlency Gutiérrez (RCN Radio ); Jaime José Daza (Maravilla Stereo); Damaris Rojas (periódico Al Día Valledupar); Renier Asprilla (El Heraldo), Katia Ospino (Noticias UNO y CM&), Óscar Arzuaga (La Tribuna del Cesar de Radio Guatapuri), Ubaldo Anaya Flórez (Noticiero RPT), Martín Mendoza (Caracol Televisión y periodista judicial de El Pilón). Todos los periodistas señalados en el panfleto cubren temas de orden público y judicial, en los dos últimos meses han publicado noticias relacionadas con restitución de tierras y víctimas. 

En el panfleto también se le exige a los periodistas dejar de “meter sus narices” en los temas relacionados con la restitución de tierras. 

La FLIP, Fecolper y Andiarios tuvieron reunión con el Ministerio del Interior, la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo, la Policía Nacional y de la Unidad Nacional de Protección (UNP), para analizar la situación de los periodistas. Las instituciones y las organizaciones presentes le solicitaron a la UNP darle trámite de emergencia a esta amenaza. 

La FLIP también tuvo conocimiento que los periodistas afectados sostuvieron una reunión con el comandante de Policía del Cesar, coronel Juan Pablo Guerrero, quien se comprometió a brindar acompañamiento policial y a realizar los estudios de riesgo correspondientes. 

Ese mismo grupo delincuente, 15 días atrás, había amenazado a algunos líderes de tierras en ese departamento. Estas amenazas suceden después de que la Unidad de Reparación a Víctimas celebrara un evento de restitución de tierras, encabezado por el presidente Juan Manuel Santos, en el corregimiento de Santa Paula, en el departamento de Córdoba. 

Cesar ha sido históricamente uno de los departamentos más peligrosos para el ejercicio del periodismo en Colombia. 

La FLIP se solidariza con todos los periodistas amenazados, resalta la inmediata reacción de las autoridades, y le pide a la UNP brindar todas las medidas de protección necesarias. A su vez, le hace un llamado a la Fiscalía General Nación para que investigue estos hechos y se judicialice a los responsables. 



CPB rechaza amenazas a periodistas en Córdoba y Cesar 

Por: Rubén Darío Mejía/ Tomado de Reporteros Asociados del Mundo. El Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, rechaza las amenazas que han recibido en las últimas horas los periodistas Herlency Gutiérrez (RCN Radio); Jaime José Daza (Maravilla Stereo); Damaris Rojas (periódico Al Día Valledupar); Renier Asprilla (El Heraldo), Katia Ospino (Noticias UNO y CM&), Óscar Arzuaga (La Tribuna del Cesar de Radio Guatapuri), Ubaldo Anaya Flórez (Noticiero RPT), Martín Mendoza (Caracol Televisión y periodista judicial de El Pilón), efectuadas por Ejército Anti restitución de tierras, porque cubren temas de orden público y judicial y en los dos últimos meses han publicado noticias relacionadas con restitución de tierras a las víctimas. 

Los periodistas amenazados han sido declarados objetivo militar y tienen 24 horas para salir de la ciudad, hecho que deja al descubierto el peligro que corre esta profesión en Colombia. 

Ese mismo grupo delincuente había amenazado a algunos líderes de tierras en ese departamento. Estas amenazas suceden después de que la Unidad de Reparación a Víctimas celebrara un evento de restitución de tierras, encabezado por el presidente Juan Manuel Santos, en el corregimiento de Santa Paula, en el departamento de Córdoba. 

Este es un nuevo atentado contra la libertad de prensa , señaló William Giraldo, Presidente del CPB y advirtió que en el país se siguen presentando este tipo de denuncias de manera permanente, violando los derechos de los comunicadores en el país. 

El CPB rechaza abiertamente estas amenazas y hace un llamado a las autoridades gubernamentales para que se investiguen de inmediato estos hechos y se proteja la vida de los colegas, quienes han cumplido con el deber de informar los hechos que acontecen en estos departamentos. 

Señaló William Giraldo que el CPB estará atento de las investigaciones que adelantan las autoridades competentes, para velar por la defensa de los derechos de los periodistas y en particular por el de la libertad de prensa en Colombia. 

Estos periodistas tan incómodos...

Por: Carlos Alberto Giraldo. No se trata de una sentencia iconoclasta ni de rebeldía pintoresca, es apenas la recordación de un mandato: el periodismo y los periodistas deben ser incómodos para todo poder pervertido, corrupto o desbordado. Y deben ser, medios y reporteros, una especie de estimulante para las neuronas y la conciencia de la sociedad. 

Un periodista sin distancia crítica frente a sus fuentes, sin independencia, es una bombilla fundida que no alumbra el camino que lleva a la verdad. 

En las últimas cinco columnas hice una crítica sobre la incontinencia verbal de dos ex presidentes, sobre los opositores necios del proceso de paz y, por último, sobre las Farc, su descrédito y sus barbaridades. Las reacciones que se desataron en la audiencia resultaron muy reveladoras de la intolerancia en la que vivimos en este país. 

En nuestro foro en internet, por ejemplo, un trío de lectores arremetió con lo más bajo de su odio y sus palabras. Perdió de vista, incluso, la altura y la inteligencia con que uno debe polemizar para lograr alguna victoria argumentada. Esa tríada rebajó el espacio de interlocución e interacción que le ofrece este periódico a una barra de cantina maleva de la que los borrachos saltan luego al lupanar. Fanáticos embriagados, perturbados y paranoicos. Virulentos. 

Es gente para la que la libertad de expresión de otros es peligrosa. Aquellas mentes extremistas que siempre concluyen con pobreza: "el que no está conmigo y mis ideas, está contra mí, es el enemigo". Temen. 

Si eso ocurre en el campo de la opinión, la situación es tan o más crítica en el ámbito del periodismo de investigación. A mitad de semana le dispararon cinco veces al colega Ricardo Calderón mientras rastreaba las libertades extravagantes concedidas a soldados condenados por delitos de lesa humanidad recluidos en la "cárcel" de la base militar de Tolemaida, cerca a Ibagué.
La definición de diccionario de bolsillo de "periodismo de investigación" es que se trata de hacer de conocimiento público una irregularidad que algunas personas o poderes quieren ocultar. Ricardo probó, con rigor, las "licencias" otorgadas a militares-reos que salen de compras, desde Tolemaida, a Bogotá. Un periodista que no olvida que debe ser perro guardián de la sociedad. 

Hace más de un siglo, el maestro del oficio Joseph Pulitzer decía: "La prensa libre debe abogar siempre por el progreso y las reformas. Nunca tolerar la injusticia ni la corrupción. Luchar contra los demagogos de todos los signos. No pertenecer a ningún partido. Oponerse a los privilegios de clases y al pillaje público. Ofrecer su simpatía a los pobres y mantenerse siempre devota al bien público". 

Qué enorme responsabilidad, pero qué bella y profunda. Sobre todo, ¡tan vigente….

El Reverbero de Juan Paz 5 mayo

Contenido exclusivo de El Centinela News 

El lío de las chuzadas 

En octubre de 2012 Hernán Peláez y el maestro Gardeazábal denunciaron que percibían escuchas telefónicas y que sus correos estaban siendo manipulados desde alguna parte. El presidente Santos le pidió al Fiscal Eduardo Montealegre que investigara. La Fiscalía hizo seguimientos y comprobaciones durante varios meses y llamó hace 15 días a indagatoria como indiciado al coronel Juan Carlos Nieto Aldana, subdirector de la Agencia Central de Inteligencia que dirige el almirante ® Alvaro Echandía y que depende única y exclusivamente del presidente Santos. 

%%%%%%%%%%%%%%%% 

El Reverbero de Juan Paz se enteró que previamente la Fiscalía había puesto en cadena de custodia dos aparatos interceptadores que encontró en una diligencia de allanamiento a la Agencia del almirante ® Alvaro Echandía, puesto que según las normas vigentes ellos no estaban autorizados a poseer esos instrumentales. 

Más hallazgos 

Se supo también que en el minucioso rastreo que hicieron durante una semana en la residencia, el estudio de transmisión de Gardeazábal para La Luciérnaga y los vehículos del maestro, detectaron una extraña y hasta ahora inexplicable transmisión radial de una emisora de AM por la línea eléctrica a los tomacorrientes y switches de la habitación en la que trabaja Gardeazábal todos los días haciendo los libretos y hablando por teléfono con medio país. Algunas hipótesis apuntan a un espionaje electrónico de última generación y muy sofisticado. 

Dura carta 

A propósito del proyecto de ley presentado por el presidente de la Cámara, Augusto Posada, para regular o controlar el uso de la parodia en los programas de humor, el maestro Gardeazábal le envió la siguiente carta: Augusto: tuve oportunidad de escuchar ayer tu diálogo con Artunduaga. No salgo de mi asombro. Afirmar que el proyecto de la Ley de la Parodia tiene el respaldo del señor presidente y su gobierno, desnuda todo tu accionar y me hace sentir como un idiota al haber creído en tus explicaciones. No hay otra conclusión después de oírte: la ley de la parodia es de tu autoría y fruto de la obediencia de tus muchachos asesores a las directrices del gobierno Santos. La ley no va a ser corregida por ustedes en la Cámara porque ya Pasó al Senado llena del veneno que le inyectaste y, como tal, es una puñalada marranera a La Luciérnaga y a la libertad de expresión. Libraré empero la batalla ante los senadores para tratar de atajarla pese al apoyo del gobierno y el partido de la U. Eso sí, le repetiré a todo el país y en especial a los antioqueños que nos oyen todas las tardes por millones, qué tanta responsabilidad tienes en este atropello contra la opción que posee el colombiano de reírse mientras escucha las noticias que el régimen no deja conocer por otros medios. 

Cartagena, mayo 4 del 2013 

Gustavo Alvarez Gardeazábal 

Repudio por el atentado contra Ricardo Calderón y...

Repudio por el atentado contra Ricardo Calderón y…
¿vuelven las chuzadas a periodistas?


Notas tomadas de “El Muro de Pata.N”. 


Repudio general. 

Del periodismo colombiano y del mundo ante el atentado criminal perpetrado contra la vida del colega Ricardo Calderón, Jefe de Investigaciones de la revista Semana, por su trabajo diario de denunciar hechos de corrupción en Colombia. Justo cuando celebrábamos el Día Mundial de la Libertad de Prensa en nuestro país, las diferentes actividades se vieron empañadas con la noticia del acto asesino perpetrado contra Calderón. A los sicarios de la palabra y la verdad se les olvida que nuestra Carta Política tiene fortalecida la libertad de opinión, prensa e información, aclarando en su artículo 20: “se garantiza a toda persona la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz e imparcial, y la de fundar medios masivos de comunicación”. En la vida real estos conceptos se pisotean. Preocupa también al gremio que en Colombia, durante el año 2000 fueron asesinados 12 periodistas por razones de su oficio, según lo asegura Andrés Morales, director de la Fundación para la Libertad de Prensa en Colombia (Flip). Otro detalle para pensar largo y tendido es que el mismo gobierno nacional a través del Ministro del Interior, Fernando Carrillo, acepte que “este hecho tiene que ver con las investigaciones que el comunicador ha realizado”, entre las que se destacan los casos de las denominadas “chuzadas” a magistrados, periodistas y dirigentes políticos por parte del extinto DAS y el escandaloso hecho del “Tolemaida Resort”. Esto quiere decir que el noble oficio se persigue por mostrar siempre la verdad.

A interrogatorio Coronel por seguir a periodistas de “La Luciérnaga”. 
Según lo dieron a conocer las autoridades, el coronel Juan Carlos Nieto Aldana tendrá que responder por presuntamente haber intervenido los teléfonos de Hernán Peláez Restrepo y Gustavo Álvarez Gardeazábal. La Fiscalía General citó a interrogatorio al subdirector de la Agencia Nacional de Inteligencia, el coronel Nieto por su presunta participación y responsabilidad en un nuevo caso de seguimientos ilegales a un grupo de periodistas. En la diligencia, el uniformado tendrá que responder por su presunta participación en los seguimientos adelantados al director del programa radial “La Luciérnaga”, Hernán Peláez Restrepo y al periodista y escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal. Este último confirmó a medios de comunicación que las supuestas interceptaciones ilegales le fueron reveladas por un “alto oficial que no quería hacer parte de esto, que no está de acuerdo con que se viole la Constitución”. El periodista agregó que las chuzadas fueron a conversaciones suyas y de Peláez con importantes funcionarios.

Un atentado contra el periodismo

Un atentado contra el periodismo 

Editorial de la revista Semana respecto al atentado sufrido por el periodista Ricardo Calderón. Un texto para reflexionar. 

Las balas disparadas contra Ricardo Calderón fueron un ataque directo a la esencia de lo que representa el oficio del periodismo en Colombia. 


El pasado miércoles primero de mayo, a las 7 de la noche, en la carretera entre Ibagué y Bogotá, tuvo lugar el primer atentado que sufre un periodista de la revista SEMANA en su historia. Ricardo Calderón salió ileso, pero lo ocurrido envía un ominoso mensaje sobre las graves amenazas que pesan sobre la libertad de expresión y el ejercicio del oficio periodístico en Colombia. 

Lo único que diferencia este atentado de la aplastante mayoría de los actos de ese tipo, de los que han sido víctimas miles de periodistas, defensores de derechos humanos, líderes, activistas políticos y sindicales, indígenas y muchos otros fue su desenlace: milagrosamente, Ricardo Calderón no sufrió ni un rasguño. 

Había pasado todo el día en Ibagué recabando información para un reportaje que le diera seguimiento a las denuncias de esta revista sobre los inaceptables privilegios que disfrutan algunos militares, detenidos por delitos de lesa humanidad en la base de Tolemaida. A las 7 de la noche, cuando Calderón regresaba a Bogotá, se detuvo por un instante en la carretera. Entonces oyó que le gritaron "¡Ricardo!", y, en milésimas de segundos le dispararon en repetidas ocasiones. Las balas no lo alcanzaron, y el periodista condujo unos cuantos kilómetros hasta encontrar apoyo de la Policía. 

La camioneta en la que viajaba recibió cinco impactos de bala. el vidrio de la puerta del conductor quedó destruido y en la carrocería y en el baúl quedaron los otros orificios causados por los sicarios. El presidente de la república le encargó directamente al director de la Policía, general José León Riaño, y a una comisión especial de la Dijin revisar el lugar del atentado y las cámaras de video de los peajes, en busca de pistas que puedan conducir a los autores materiales. 

Ricardo Calderón es un veterano reportero que ha participado en varias investigaciones de resonancia nacional, como las chuzadas del DAS, los llamados 'falsos positivos' y el escándalo de la parapolítica. Aunque la Justicia tiene la última palabra sobre los responsables de este atentado, es una preocupante coincidencia que haya ocurrido en momentos que SEMANA investigaba las irregularidades en el penal militar de Tolemaida. 

Este lamentable episodio va mucho más allá de una acción contra un periodista de SEMANA. Así lo han entendido organizaciones como Human Rights Watch, Reporteros sin Fronteras y la Fundación para la Libertad de Prensa, que rechazaron el hecho por tener un grave impacto en el clima de libertad de expresión del país. 

A pesar de que los crímenes contra periodistas se han reducido en los últimos años, las amenazas, la intimidación y las presiones indebidas tienen lugar con demasiada frecuencia en Colombia, muchas veces con resultados mortales. La aplastante mayoría de las cerca de 120 víctimas fatales que ha sufrido el periodismo colombiano en los últimos 30 años han sido reporteros de medios regionales, desprotegidos ante las agresiones de guerrillas, paramilitares, bandas criminales, narcotraficantes y políticos corruptos, que reaccionan con sevicia y plomo ante las denuncias que los ponen en evidencia. Casi todos estos crímenes están en la completa impunidad, como lo están los de otros sectores sociales. Esa impunidad ha sido un incentivo para seguir amenazando o atentando contra periodistas, aunque hace muchos años no lo hacían contra alguien de un medio nacional. 

En todos estos actos, ya sean amenazas, atentados u homicidios selectivos, el denominador común es el mismo: impedir que un periodista denuncie una situación o ponga en evidencia un personaje o un grupo. Los ataques contra la prensa tienen un solo objetivo: acallar una voz y apagar una luz que quiere iluminar algún rincón que alguien quiere mantener en la oscuridad. Lo que le pasó a Ricardo Calderón les ha sucedido a cientos de colegas. Él tiene la suerte de haber salido con vida; la mayoría, no. 

Uno de los pilares más importantes del periodismo es la investigación. Ese es el periodismo que corre por las venas de SEMANA y esa es la pasión de Ricardo Calderón. Es sin duda el lado más ingrato, más incómodo y más riesgoso del oficio, pero es, al mismo tiempo, el alma del contrapoder que debe ejercer la prensa en una democracia. Por esta razón, este no es solo un atentado contra un periodista, contra un medio o contra la libertad de expresión. Es un atentado contra el derecho a la sociedad a estar bien informada, no solo de lo que ocurre en el día a día, sino de los abusos del poder, de las barbaridades de los violentos, o de los atropellos a los más indefensos. 

También es una cobarde sentencia: "Si cuenta, lo mato". Y este es un mensaje que se ha repetido en demasiadas ocasiones en Colombia contra periodistas, sindicalistas y miembros de organizaciones políticas y sociales. Un mensaje que se seguirá repitiendo, una y otra vez, mientras sus autores materiales e intelectuales sepan que no se verán ante la Justicia. Es una elocuente ironía que haya ocurrido dos días antes del Día Mundial de la Libertad de Prensa. 

Periodismo y Pensamiento

William Giraldo, presidente del Círculo de Periodista de Bogotá, habla sobre los más recientes atentados 



Tan pronto nos enterramos del ataque a Ricardo Calderón, expedimos un pronunciamiento bajo el titular “Oídos sordos” y era para señalar que las advertencias que sobre estos temas de seguridad de los periodistas hacemos las agremiaciones del sector, caen al vacío. 

“Oídos sordos” porque no hay respuestas a nuestros pronunciamientos, porque la Fiscalía General de la Nación no responde, no actúa o no conocemos los resultados de las investigaciones que mantienen en la impunidad los asesinatos de más de 117 periodistas en los últimos treinta años. 

Oídos sordos porque a Antonio Vargas, un periodista de Pereira que recientemente había sufrido un derrame cerebral y tenía paralizado medio cuerpo, el ex parlamentario Octavio Carmona, condenado a más de siete años de prisión y en calidad de ex convicto lo atacó por la espalda, a golpes lo tiró al piso, lo pateó y lo amenazó de muerte junto con su familia si no se iban de Pereira y un mes después no había pasado nada con las investigaciones de la Fiscalía, ni tenía protección para la vida de él y de su familia. Y así sigue según me comentó hace unos días. 

Rechazamos el ataque a Ricardo Calderón y a todos los colegas del país que han sido amenazados y obligados a emigrar a otras ciudades o a encerrarse en sus casas ante la falta de garantías y de protección frente a las amenazas. 

La Constitución y las leyes dan garantías para la libre asociación en defensa de los intereses y derechos de los agremiados, pero las autoridades simplemente desconocen o guardan silencio para restarle importancia a organizaciones como la nuestra. Así lo han hecho más recientemente la Fiscalía frente a nuestras solicitudes públicas para que se investiguen los hechos que afectan a los periodistas colombianos tanto con los homicidios como con las amenazas. 

En el caso de Ricardo Calderón, interpretamos que se trató de una advertencia, un aviso para que no continúe alguna de sus investigaciones. Tal vez se enteraron de alguna que venía o viene adelantando. 

Ese atentado es una advertencia porque si el propósito hubiera sido matarlo, se le acercan, como lo hacen los sicarios y se aseguran de dejarlo sin vida y el escenario, un lugar solitario de la carretera, de noche y haberse detenido voluntariamente del vehículo por cualquier necesidad personal que tuviera, era la oportunidad propicia para la actuación de eventuales sicarios, pero no lo hicieron y dejaron el aviso con los cinco o más impactos que dijeron en el vehículo del periodista. 

Y no sabemos nada de resultados de esa investigaciones. 

Y el Procurador General, también hace oídos sordos: después de calificar a todos los periodistas colombiano de ser drogadictos, se le pidió respetuosamente en un pronunciamiento que presentara excusas públicas al gremio y "se hizo el de las gafas", como se dice popularmente a quien con soberbia esconde un reclamo mostrando indiferencia. 

Y es que la indiferencia ha sido la herramienta de las autoridades para responder a pronunciamientos o cuestionamientos gremiales como e de la necesidad de despenalización de los llamados delitos políticos o de opinión. 

Las denuncias penales por injuria y calumnia contra periodistas y columnistas han servido como instrumentos para amedrentar a periodistas y medios que terminan aplicando auto censura para evitar "complicaciones" con poderosos personajes. 

A las agremiaciones periodísticas colombianas les corresponde seguir pronunciando se en defensa de la vida y de la libertad de expresión aunque no las oigan ni las vean las autoridades gubernamentales ni los propios medios de comunicación del país. 

Nos oyen. Nos leen, nos publican y nos preguntan sobre la suerte de los colegas en medios y organizaciones internacionales. 

Recibimos mensajes y el apoyo moral del exterior, como lo hizo recientemente la Asociación Nacional de Periodistas de la República Popular China, cuyos directivos vinieron a reunirse con nosotros en Bogotá, interesados en conocer detalles sobre la libertad de prensa y particularmente sobre la ética periodística en Colombia. 

Nos explicaron que en China los periodistas y los directivos de los medios de comunicación pertenecen a esa asociación y que la libertad de expresión, de información y de prensa están bajo la responsabilidad de los directores o editores de los medios. Lo único que esta prohibido en China, nos explicaron, es publicar noticias que generen pánico a la población. 

Colegas de México, Venezuela y Ecuador han celebrado nuestro apoyo y solidaridad frente a las amenazas a la libertad de tensa, los encarcelamientos o los asesinatos de colegas de esas naciones. 

Aquí no pasa mucho, casi nada. Las agremiaciones periodísticas, además, se debilitan también por la indiferencia de quienes deberían estar en ellas sumando esfuerzos para la defensa de sus propios derechos, incluyendo en ellos el derecho al trabajo con salario digno. 

A las agremiaciones, aunque sus denuncias caigan al vacío, no les queda otra alternativa que seguir haciendo pronunciamientos para que nos oigan y nos lean afuera, para que nuestros colegas de otras naciones se preocupen y eventualmente organizaciones como la SIP o las relatoras de la OEA y la ONU en cuestiona de derechos humanos, volteen a mirar para estos lados. 

La OIT no ha preguntado nunca sobre las condiciones laborales de los periodistas en Colombia y eso que el país tiene delegados sindicales en esa entidad. 

Aquí abunda el acoso laboral en los medios, pero si las agremiaciones denuncian, no hay afectados dispuestos a atestiguar o a denunciar porque las circunstancias nos llevan a todos a pensar con el estómago. 

← Previous PageNext Page →

Noticias///Libros y Letras